Artículo:Los sueños de Gilberto Braga.

Excelente artículo que se iba perdiendo en algún disco duro apagado en algún lugar del mundo y que he recuperado gracias a la cache de Google.

Basta leerlo para entender un poco más de esto que nos apasiona: las telenovelas brasileñas. Entenderemos un poco la idiosincracia de los brasileños y cómo ha ido evolucionando hasta hoy, uno de sus principales productos de exportación.

Recomendación. Imprimir y leer antes de acostarse.

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Gilberto Braga

Los sueños de Gilberto Braga o, el show debe continuar…
Por Antón Vélez Bichkov
06 de marzo de 2005

(Fragmentos)

Mientras Gilberto Braga sueña con obtener el 100% de audiencia en el último capítulo de su más reciente telenovela, Aguinaldo Silva prepara sus ‘antivirus’ (los reales y los virtuales), buscando así evitar cualquier percance con ordenador y fantasía, pues a partir del día 28 de junio le ‘toca’ asumir el horario de mayor audiencia y, por tanto, de riesgo, de toda la televisión brasileña: La Novela de las 8. En tanto el sueño, aparentemente descabellado, se aloja en la cabeza prodigiosa de Braga (1), la pantalla de su computadora ve nacer, como una madre a sus hijos, ágiles, los caracteres, que en una lógica casi matemática, integran el entramado siempre intenso de sus tramas. En ellas, aunque el melodrama llorón (2) esté presente (“el cliché se ha vuelto cliché, justamente, porque es bueno”, Gilberto Braga, El Lado Bueno De Los Clichés, O Dia, 31/10/99), ha cedido bastante su espacio a la sutileza, como principal arma en esa ardua batalla llamada ratings.
Mucho se ha dicho de Celebridad (actualmente en el aire, en el horario de las 20:55, tradicionalmente conocido como Novela de las 8); pero ni la lluvia de críticas, (3) más ácidas que las precipitaciones que hace bastante tiempo azotan el mundo, ha logrado que el público le dé las espaldas a su folletín del momento. Es por ello que, aunque el propio Braga se encargue de reafirmar la naturaleza onírica de sus expectativas –“nadie logra eso después de RoqueSanteiro”–, no se puede decir que Celebridad, el exitazo más reciente de la Red Globo de Televisión, esté lejos de esta posibilidad.

En una encuesta realizada a principios de la transmisión, los números indicaban que el éxito de Mujeres Apasionadas, de los mayores en los últimos años, no sería reeditado, y que Celebridad se quedaría en una medianía bastante comprometedora (téngase en cuenta que aquí entran en juego miles, hasta millones de dólares). Sin embargo, aunque la trama demoró unos meses en ‘despegar’ definitivamente, (4) logró lo que parecía un imposible: colocarse en un promedio superior a los 60 puntos en el PNT (Panel Nacional de Televisión), llegando a acaparar el 80% de los televisores conectados en ese momento. (5) Este número, impresionante, pero frío, esconde detrás de sí un contingente de aproximadamente 40 y tantos millones de personas, que en días de capítulos muy dramáticos (6) se monta, incluso, en los 50.

El éxito de la trama no sólo se queda en la pantalla; como es lógico, la trasciende y se expande a campos como el mercado fonográfico y el publicitario. Celebridad no sólo ha roto récords de sintonía, sino también de inserciones comerciales, tanto de las tradicionales-evidentes (spots, patrocinios, etc.), cuyos 30 segundos de duración promedio la Globo cobra por la bagatela de 193 380 reales (cerca de 73 mil dólares), como de las implícitas, el llamado product placement, que se creía había alcanzado su apogeo con Mujeres Apasionadas, la telenovela anterior. Para tener una idea, ésta llegó a incluir (fundir) en (con) su trama ‘sutilmente’, más de 110 productos de diferente tipo y propósito. También por una suma ‘discreta’, nada más y nada menos que 412 mil reales, o lo que es lo mismo, 171 mil dólares.

Siguiendo una práctica también heredada de Mujeres Apasionadas, las tradicionales bandas sonoras nacional e internacional, antes vendidas y lanzadas por separado, se fundieron en un solo CD doble, demostrando que la estrategia que le había garantizado a su antecesora llegar al millón de discos comercializados, aun en momentos de crisis y piratería fonográficas, también era válida para la sustituta. La segunda banda sonora de Mujeres Apasionadas debutó con 150 mil copias distribuidas, incluso, antes de que salieran al mercado.

Como si esto no bastara, la fiebre del mundo de las celebridades se ha apoderado del público brasileño, instalándose el tema en las conversaciones cotidianas, tanto en hogares como en los medios de comunicación, que para bien o para mal tienen que hablar de Celebridad y sus personajes.

Cualquiera diría que nada ha cambiado sustancialmente, desde que aquella noche del 6 de enero de 1989 el 89% de la población brasileña esperaba con ansia ¿loca? (sí, por qué no) que se develara, por fin, quién había matado a la maquiavélica Odette Roitmann. Sin embargo, no es así, aunque razones haya para tal pensamiento. Sobre todo si tenemos en cuenta que en Celebridad también hay un asesinato de por medio, cuya única diferencia con el primer caso es que se cometió en una figura masculina y que sucedió en medio de la trama y no al final (recuerden que en Vale Todo, también de la autoría de Braga, la muerte de la pérfida Odette se produce ocho capítulos antes del final); en todo lo demás es harina del mismo costal: toneladas de sospechosos (casualmente Lineu Vasconcelos, el villanazo del momento, había metido sus manitas poco escrupulosas en más de una vida ajena); entre estos, la gente más allegada al difunto y, lógicamente, los protagonistas (siempre es bueno tener bajo la manga la carta de una posible prisión: eso conmueve mucho al público).

Otro argumento a su favor tendrían estos hipotéticos defensores de la inmutabilidad de las novelas globales en el hecho que el asesinato como gancho en una trama folletinesca brasileña no sea nada nuevo, ni siquiera invención de Vale Todo. En 1978, la ya citada Janete Clair estiró lo que era para durar cinco capítulos durante cinco meses, pues, inesperadamente, la muerte de Salomón Hayala, patriarca de la familia central, había despertado tal avidez en las personas que resultaba en extremo conveniente dilatar la revelación del autor. O Rebu, de 1974, mantuvo durante 112 capítulos otro misterio de esa índole, cabiéndole el mérito de que su trama transcurría en el lapso de una noche (¡una noche 112 capítulos!). La Próxima Víctima (1995) fue otra que no escatimó en muertos: a falta de uno, creó ocho, con lo que logró la atención de medio pueblo. Su mismo autor, Silvio de Abreu, en sumaria reformulación debido a los penosos ratings, hizo estallar un shopping center en su polémica Torre de Babel (1998-1999). De esta forma, la trama quedaba dignificada y eliminaba a los personajes más espinosos, entre ellos un drogadicto y dos lesbianas y abría una puerta, como ya vemos, bastante socorrida: ¿quién fue? Suave Veneno (1999), Fuerza del Deseo (1999-2000) y otras se valieron de recursos idénticos en momentos de apuro. Incluso nos atreveríamos a decir que Braga, autor de la última, se inspiró en su propia trama, la cual le sirvió de ensayo general para planificar la muerte de Lineu Vasconcelos. ¡Es que se parecen tanto su muerte y la del Barón Sobral!

Tampoco ha habido cambios sustanciales en la programación. José Bonifacio, uno de los artífices del éxito de la Globo, siempre decía que en la costumbre estaba la clave de todo. Es por ello que, hace más de 30 años, la Globo mantiene el mismo esquema de programación básico: tres novelas, respectivamente, a las 6, 7 y 8 (en realidad, nueve, como ya vimos), con noticias locales y nacionales intercaladas (los noticieros de las afiliadas salen al aire a las 18:55 y duran hasta las 19:10, cuando entra en el aire la Novela de las 7, actualmente ocupada por Del Color del Pecado; el Jornal Nacional viene poco después de las 20:00 horas, hasta las 20:55, cuando entra el folletín central). La Novela de las 10, siempre intelectualmente más elaborada y compleja, fue sustituida a principios de los 80 (lo cierto es que ya a finales de los 70 había desaparecido) con series (Malú Mujer, Carga Pesada, etc.) y posteriormente por miniseries (o mininovelas, como también se conocían). La Novela de retransmisión en el horario diurno, Vale La Pena Ver De Nuevo era, y aún es, el plato fuerte de las tardes globales (actualmente se ve el ‘mega-suceso’ TerraNostra por segunda ocasión), pero a estas, aproximadamente hace nueve años, se agregó algo totalmente novedoso: la soap-opera juvenil (sí, no se asombren) Malhação (17:30), la cual, entre reformulaciones y cambios periódicos de elenco y trama, se ha mantenido con relativo éxito en las preferencias del público.

Las novelas permanecen incólumes en sus esencias: la de las 6, más ligera, para niños, jóvenes y amas de casa; la de las 7, humorístico-aventurera, ayudando a una mejor digestión (este es el horario tradicional de la comida de los brasileños), así como ‘matizando’ la seriedad del Jornal Nacional, que la sigue en la parrilla (no se puede coger lucha con las cosas); la de las 8 continúa como el folletín glorioso, el líder de audiencias, el que moviliza al público: elencos de lujo, producción fastuosa, trama apasionante. Se puede decir, sin temor a equivocarse, que la Novela de las 8 es un asunto de interés nacional y sobre todo de la Globo, pues cuando la Novela de las 8 está bien el resto de la programación también lo está (si no, verifiquen los números: los cinco primeros lugares de la audiencia en Río y São Paulo, se mantienen en un promedio de 35 puntos, sin incluir la Novela de las 8, que casi siempre está por encima de los 42, pero cuando ésta despega, los números de los demás programas más vistos se sitúan en torno de los 40 puntos, verificándose así el llamado efecto sándwich (7); para tener una idea, un punto del IBOPE –Instituto Brasileño de Opinión Pública y Estadística– en São Paulo equivale a 49 mil 525,85 domicilios, u 80 mil personas). Y aunque la Globo ha logrado imponer varios éxitos en los últimos cinco años (véase los casos de El Clon, Mujeres Apasionadas y la propia Celebridad), sus números jamás podrán compararse con los de décadas anteriores, cuando una buena audiencia se considerada aquella que sobrepasaba los 60 puntos.

Claro, tampoco se puede ver la puntuación de los programas desde un punto de vista esquemático, como pretenden algunos detractores escatológicos de la emisora, pues los actuales 50 puntos sobrepasan con creces en números absolutos aquellos 60. Incluso, si comparamos las audiencias de pocos años atrás, vemos que los 45 puntos de 1996 (cifra media que alcanzó, por ejemplo, Corazón Gitano (Explode Coração), durante la semana del 15 al 21 de enero de 1996), equivalente a 1 millón 787 mil hogares, se quedan por debajo de los 45 puntos de la primera semana de Celebridad (del 13 al 18 de octubre de 2004), iguales a 2 millones 190 mil hogares. Proporcionalmente, las Novelas quizás hayan caído, pero en números absolutos no.

Por otro lado, aunque digamos que los patrones de las novelas globales continúan intactos, sus contenidos han sufrido las metamorfosis que los tiempos imponen: el cable, Internet, los realityshows, mayor fuerza de lo comercial, etc. Tampoco las situaciones políticas han estado ajenas a esta influencia. Brasil en la década del 90 ya era un país ‘democrático’; en los 80, cuando se produjeron Roque Santeiro, Rueda de Fuego, Vale Todo y El Salvador de la Patria (todos con marcado contenido político), Brasil salía de una dictadura y censura férreas. Hasta 1984, las novelas sólo incluían modelos de comportamiento en boga y situaciones sociales polémicas (hasta cierto punto, y casi siempre de forma metafórica o velada, como se hizo con frecuencia en la Novela de las 10), pero la política, al menos de forma explícita, no entraba en sus tramas. Posteriormente, al ingresar en épocas de abierta competencia electoral, las novelas, sobre todo la de las 8, de gran influencia social, se volvieron armas fundamentales en el direccionamiento de las masas y de sus intenciones de votos: el propio Salvador de la Patria (1989) es acusado de haber atacado la candidatura de Lula; posteriormente Renacer (1993), FieraHerida (1993-1994), PatriaMía (1994-1995) y El Rey del Ganado (1995-1996) fueron manipuladas y a la vez manipularon, en fin…

Pero antes de continuar con estos análisis, mejor hagamos una pausa y, ya que hablamos de telenovelas, ciñámonos a la estructura aristotélica y hagamos todo en orden cronológico y lineal, como ordenan las más elementales leyes del folletín.

Las novelas de las 8 en los años 90: lo rural y el imaginario colectivo brasileño; polémica = audiencia

La telenovela brasileña entraba en los años 90 con un relativo estancamiento en sus estructuras y formas. Todo lo que se había innovado en la década anterior, en ésta sólo parecía ganar agilidad técnica. Los nuevos equipos permitían mayor precisión y limpieza en las ediciones, rindiéndole honras al llevado y traído Patrón Globo de Calidad; poco a poco el CD iba desplazando al vinil (esto ocurrió definitivamente en 1998, cuando la segunda banda sonora de La Indomable cerró el ciclo iniciado en los 70); lo digital iba imponiéndose a lo analógico.

La Globo venía con una estela de éxitos: Vale Todo, Tieta, y no sospechaba que la Manchete, la que por muchos fue considerada como la TV del año 2000, y productora de Doña Beija (1986), un relativo éxito de audiencia, podría poner en jaque sus sólidas posiciones.

En 1990, la otra emisora carioca (ambas están establecidas en Río de Janeiro) lanzaba un inusual folletín electrónico: Pantanal, que influyó bastante en la producción audiovisual de la época que se iniciaba. Mayor era la campaña que ensalzaba a Pantanal como un producto exitoso y novedoso que el éxito y la novedad en sí. En realidad, Benedito Ruy Barbosa, su autor, nos traía una trama anclada en la más rancia tradición novelesca, con algunos elementos del realismo mágico y con una estética esencialmente cinematográfica, y es por ello que causó tanta conmoción en el público y la crítica.

Nunca Pantanal compitió directamente contra la Novela de las 8 de la Globo, que por tanto no se sintió perjudicada (La Reina de la Chatarra, de 1990, a pesar de haber comenzado con bajas audiencias, se recuperó y llegó al promedio de 58 puntos de rating; Pantanal, ciertamente, sólo tenía 16, según datos), pero aún así incomodó a la Venus Platinada (apodo por el cual se conoce a la emisora del fallecido Roberto Marinho), pues estaba acostumbrada a reinar ‘solita’ en el Olimpo televisivo brasileño.

La propia introducción del control remoto tuvo su influencia, pues ya el espectador no tenía que levantarse a cambiar de canal (razón por la cual se dejaba en el que más satisfacción le traía, que era la Globo). Ahora podía, sin moverse de su asiento, ejercer su derecho a ‘escoger’. Se dice que Roberto Marinho, durante meses, demoró la entrada en el país de esos aparatitos, pero fue imposible, pues había intereses mayores detrás.

La saturación causada por megalópolis como São Paulo y Río hizo al público volverse a una trama que contaba una sencilla historia de amor (nada complicado: un ganadero mayor, su hijo y una muchacha silvestre, con una conexión ‘especial’ con la naturaleza); tenía un ritmo reposado, cuasi-somnífero, paisajes lánguidamente retratados y un desnudo, como mínimo, por capítulo. Ante tales ‘ventajas’, el modernismo desenfrenado de las tramas globales parecía algo atosigante (aunque, repetimos, la Globo no sufrió una caída sustancial de sus ratings).

Araponga , de Dias Gomes, el talentoso artífice de Roque Santeiro, y Lauro César Muniz, otro dramaturgo de experiencia, surgió como respuesta a la embestida de la Manchete, y se creó un horario alternativo, el de las 21:30, pero esta trama con visos de policíaco no surtió tanto efecto y en el último capítulo de folletín rural éste marcó 41 puntos, contra los 21 con que se quedó la Globo. Única vez en la historia. (8)

La Globo, aunque no desistió de sus tramas urbanas y llenas de modernidad, comenzó a considerar lo rural como elemento a tener en cuenta en futuros empeños. Roque y Tieta ya habían demostrado que los elementos agrarios pervivían en el imaginario brasileño; Pantanal lo confirmó más aún, así como la avalancha de música supuestamente campesina (caipira o sertaneja) que se apoderó del mercado en los primeros años de la década del 90, hasta bien entrada la misma. A Chitãozinho & Xororó, el dúo veterano en estas lides, se sumaron Leandro & Leonardo y Zezé di Camargo & Luciano, cuyos éxitos Pensa em Mim y É O Amor fueron ejecutados millones de veces en la radio brasileña. No es por gusto entonces que la Globo, durante los 90, cada vez que tenía algún problema con la audiencia, iba y bebía en la fuente de lo rural.

(…)

Las novelas urbanas de los 90, al igual que las rurales, acentuaron más la tendencia, que se apreció en épocas anteriores, de usar determinada temática como telón de fondo para sus argumentos. Estos poco importaban; la historia de amor seguía siendo básicamente la misma, sin embargo, lo que estaba por detrás de todo ello era un valor agregado.

Las novelas de las 6 y de las 7

Quizás las más perjudicadas en todo el panorama audiovisual brasileño en la década de los 90 fueron las Novelas de las 7 y de las 6. Si gracias a las forzosas reformulaciones, las de las 8 han podido remontar la frontera de los 50 puntos, las de las 7 y de las 6 no han dejado de tener fracasos notorios.

La década comenzó bien con Barriga de Alquiler, de Glória Pérez, la autora de las polémicas con matices científicos. Con índices que sobrepasaron los 40 puntos (bastante buenos para el horario de las 6), nos contaba la historia de una pareja integrada por Ana y Juca (Kássia Kiss y Víctor Fasano), que en su ansia de tener un hijo, contratan un ‘vientre de alquiler’. Pero con el tiempo, Clara (Cláudia Abreu) se enternece con la criatura que espera, además de integrar el tercer vértice del triángulo amoroso completado por Ana y Juca. Finalmente, se establece un proceso legal para determinar cuál de las madres tenía la prioridad sobre el niño recién nacido: la que aportó el óvulo o la que lo gestó en su vientre. Uno de sus mérito está en ser la trama más larga de la Globo después de la primera versión de Hermanos Coraje (328 capítulos).

Felicidad (1991) e Historia de Amor (1996) fueron los dos cartuchazos de Manoel Carlos en el horario de las 6. Las venturas y desventuras amorosas de las dos Helenas (todas las protagonistas de Manoel Carlos llevan ese nombre), mantuvieron la atención del público con bastante eficacia.

Sin embargo, sólo Mujeres de Arena, la truculenta historia de las gemelas Rut y Raquel, fue capaz de movilizar al público, llegando a marcar índices superiores a los 50 puntos (9), todo un hecho histórico para el horario. Originalmente producida en 1973, este remake (toda una tendencia en la Novela de las 6 de los 90 y principios del 2000) no sólo reeditó su éxito inicial, sino que lo sobrepasó.

La radionovela Las Novias Mueren En El Mar, de 1965, sirvió a su autora de inspiración para crear la trama que en 1973 causó tanto furor en la TV Tupí. En 1993, además de utilizar el argumento de esta telenovela, la Ribeiro decidió fusionarla con El Espantapájaros (TV Récord, 1977), de la que provenía la subtrama ecológica del prefecto Breno (Daniel Dantas). Algunos de los actores de la entrega original intervinieron en su segunda versión, entre ellos Carlos Zara, el José Pedro de 1993, que interpretó a Marcos, el protagonista masculino, vivido en esta ocasión por Guilherme Fontes. Serafim González (Garnizé) en 1973 vivió al Alemán, y además de ello esculpió las figuras de arena, hobby del fronterizo Tonho da Lua.

El tan grato papel que en 1973 fue responsabilidad de Gianfranceso Guarinieri fue disputado por tres actores: Eduardo Moscovis, Irving São Paulo y Marcos Frota, tocando a éste su interpretación definitiva. Sin embargo, los otros dos jóvenes no quedaron fuera del argumento, ganando los papeles de Tito y José Luis.

La coproducción con SIC (cadena portuguesa subsidiaria de la Globo) posibilitó una gran inversión económica, mediante la cual se adquirió la tecnología que permitió que la actriz Glória Pires apareciera en dos personajes totalmente diferentes en un mismo plano. Las imágenes se grababan con un backing azul y después se recortaban con la ayuda de un cromakey. En 1973, la consagrada Eva Wilma no tuvo un chance semejante y fueron precisas peripecias de todo color y grado para poder combinar los dos personajes con naturalidad.

Mujeres… llegó con sus peripecias a muchos países en el mundo, convirtiéndose en un éxito retumbante. En Rusia la repercusión fue tal que se hicieron concursos de conocimientos sobre la novela. La primera ronda de uno de ellos, cuyo premio era un viaje a Brasil, recibió 80 mil cartas. Convirtiéndose así en el serial ‘occidental’ más popular transmitido en aquel territorio, según rezaba una propaganda de la emisora brasileña en una revista especializada. Sólo por mencionar un dato interesante, la Globo había meditado transmitir este remake todavía en 1990, pero como las condiciones técnicas aún no estaban creadas, se retrazó a 1993.

Como dijimos, el horario de las 6 se caracterizó por gran número de remakes; para algunos, como el autor Vicente Sesso, una respuesta a la falta de creatividad de la década; para otros, apenas la necesidad de reeditar éxitos de otros tiempos. El horario de las 8 era muy riesgoso, pues si no funcionaba habría que hacer demasiados cambios y ese no era el objetivo. El Viaje, excepcionalmente exhibida en el horario de las 7, y de la misma pluma de Ivani Ribeiro, autora de Mujeres de Arena, también había sido transmitida en 1974, y lo más notable es que fue por el canal de la competencia, la desaparecida TV Tupí. Cuando decimos excepcionalmente no sólo nos referimos a que los remakes fueron presentados a las 6 de la tarde, sino por su contenido, totalmente alejado de la tónica del horario. Como ya hemos mencionado, la Novela de las 7 siempre trata temáticas humorísticas y de aventuras. El Viaje, por su parte, fue una novela llena de misticismo, que nos relataba la historia de una venganza de ultratumba. Alexandre (Guilherme Fontes) es un joven drogadicto de clase media que, asaltando un banco, mata a su guardia y por eso va preso. Sus familiares le dan la espalda y el joven, condenado a cadena perpetua, se suicida maldiciéndolos. Pero, luego de morir Alexandre, la vida de todos los personajes se trastoca, pues el espíritu desencarnado de éste planea una venganza. Sus principales víctimas son su hermano Raúl (Miguel Falabella), el cuñado Teo (Mauricio Mattar) y su abogado Octavio Jordán (Antônio Fagundes). Doña Guiomar (Laura Cardoso), la suegra de Raúl, influenciada por el espíritu de Alexandre, transforma el casamiento de su yerno e hija, Dinah (Cristiane Torloni), en un infierno, y los separa. El hijo de Octavio, Tato (Felipe Martins), deja los estudios y se vuelve un delincuente juvenil, como Alexandre. Y Teo se transforma en un hombre violento e inconstante, sobre todo, luego de separarse de Dinah, pues se enamora de Lisa, la antigua novia de Alexandre. Pero lo que no esperaba Alexandre es que su querida hermana Dinah, la única que trató de ayudar, después de la separación, se enamorara de Octavio, su mayor desafecto. El único que se da cuenta de todo es el Dr. Alberto (Claudio Cavalcanti), adepto del espiritismo kardecista y, a través de misas espirituales, trata de exorcizar el espíritu del malvado Alexandre.

Con semejantes elementos, era difícil que El Viaje no se volviera de inmediato un hit de sintonía. Sólo cedió a Renacer: 60 vs. 57 puntos de media en las regiones de São Paulo, Río de Janeiro y Belo Horizonte. La telenovela era escrita en cooperación con Solange Neves, la pupila de Ivani, que le había asistido ya en Mujeres de Arena. Raramente, El Viaje no contó con esa repercusión internacional, tal vez porque su marcado carácter espiritista (doctrina a la cual se afiliaba su autora) era una barrera para los tradicionalistas canales latinoamericanos.

Ivani Riberto murió en 1995, con un currículum de 39 telenovelas, todas de enorme éxito. Sólo Walter Negrão lograba sobrepasar este número. Ambos, durante muchos años, permanecieron en las otras emisoras que producían novelas en los 70 (la Tupí, Récord, Excélcior) y, en el caso de Ivani, podía considerarse que era la rival mayor de Janete Clair, otra gran artífice de historias melodramáticas. De ella, justamente, fueron otros dos remakes de la década: Hermanos Coraje (1995) y Pecado Capital (1998).

Conmemorando los 30 años de la emisora, la Globo estrenó su remake, Hermanos Coraje, que había sido el primer gran éxito en cadena nacional. Sin embargo, a diferencia de las adaptaciones de Ivani, y de su primera versión en 1970, Hermanos… quedó muy por debajo de lo esperado. Entre las razones quizás estuviera una mala selección del horario (originalmente de las 8) y un enfoque totalmente alejado de las tramas melosas de la Novela de las 6. Dias Gomes, viudo de Janete y Ferreira Gullart, un reconocido poeta, firmaron esta nueva versión, pero ninguno de los estaba apto para las exigencias del público justamente menos exigente de las 18 horas.

Si cierta dosis de explicable tiene el relativo fracaso de Hermanos Coraje, nada nos puede explicar que la segunda entrega de Pecado Capital, original de 1976, cuando rompió récords de audiencia, se mantuviera en una media de 28 puntos, 7 menos de los que idealmente espera la Globo para el horario. En 1997, otro remake, Ángel Malvado, también protagonizado por Glória Pires y escrito por Maria Adelaide Amaral, una talentosa portuguesa criada en Brasil, había disfrutado de buenos desempeños. Tropicaliente y Era Una Vez, respectivamente de 1994 y 1998, escritas por Walter Negrão, también habían satisfecho a la cúpula global (la primera tenía una media de 48 puntos en las tres regiones antes mencionadas). Empero, Pecado… no logró despegar ni con la inclusión en su elenco de la monumental Vera Fischer.

Glória Pérez, con experiencia en el área melodramática, hizo una serie de injertos con tal de modernizar la trama, pero aún así, el romance de la muchacha suburbana devenida modelo Lucinha (Carolina Feraz), el millonario ‘maduro’ Salviano Lisboa (Francisco Cuoco) y el inescrupuloso taxista Carlão –originalmente vivido por Cuoco– (Eduardo Moscovis), fue fallido. La respuesta podría estar en que ambas telenovelas, como Novelas de las 8 al fin, siempre tuvieron una conexión extrema con la realidad del momento. Ambas eran novelas de períodos de transformación social: lo rural iba cediendo paso a lo urbano; lo tradicional tenía que enfrentarse a lo moderno y sus historias eran, en definitiva, reflejo tácito de estas circunstancias. Dos décadas más tarde los climas eran otros. Nadie se identificaba con los conflictos que exponían en su génesis ambos seriales. El mismo asunto de la empatía de sus parejas tal vez perjudicara el desempeño comunicativo. La primera versión de Hermanos Coraje estaba protagonizada por Glória Menezes, Tarcísio Meira, Regina Duarte y Cláudio Marzo. Pecado Capital había contado con las actuaciones de Betty Faria, Lima Duarte y Francisco Cuoco, según los críticos, perfectos en sus roles. Ni Marcos Palmeira, ni Letícia Sabatella, ni Gabriela Duarte (hija de Regina), ni Marcos Wínter estaban en condiciones de derrumbar el recuerdo siempre grato y enraizado en las mentes, de su elenco original.

Dias Gomes, en su explicación, fue más allá, defendiendo la genialidad de su fallecida mujer: “Romeo y Julieta no se puede tocar (…) Los dramas de Janete eran todos redondos”.
Como respuesta a este mediocre desempeño de Pecado Capital, la Globo convidó a Gilberto Braga para que levantara el horario que décadas antes él había contribuido a crear (La Esclava Isaura, Doña Xepa, Helena, fueron los primeros grandes éxitos de las 6).

El autor había sido mantenido en remojo desde 1997, cuando doña Marluce rechazó su sinopsis de Feliz Cumpleaños para el horario de las 8, prefiriendo la de Por Amor, de Manoel Carlos. Inicialmente, éste consideró hacer una trama localizada en los 50 (su miniserie Años Dorados, de 1985, había tenido mucha repercusión), pero la emisora la rechazó (para su pesar) e insistió que la trama debía ser de época, sí, pero del siglo XIX. Como Gilberto no tenía ninguna idea fresca al respecto, se recurrió a una sinopsis del coautor Alcides Nogueira, que se basaba en varios romances de la época, que entre los dos desarrollaron y llamaron Fuerza del Deseo (originalmente Força de um Desejo).

La novela era un folletín enmarcado en lo más tradicional del género: un triángulo amoroso entre padre, madrastra e hijo, con la esclavitud como telón de fondo. Pero tampoco resultó del agrado de la audiencia. Su media se mantuvo en 24 puntos, 4 menos de su antecesora. La Globo, a diferencia de su práctica habitual, ‘bendijo’ la trama y no exigió cambios excesivos. Gilberto Braga le imprimió su marca dinámica y mantuvo el serial durante 227 capítulos (hasta el momento, su obra más larga). La crítica fue benévola y no por gusto: la esmerada producción se conjugaba perfectamente con un texto cuidado en todos sus detalles y un elenco de lujo para una trama vespertina: Malu Mader, Fábio Assunção, Reginaldo Faria, Sônia Braga, Nathalia Thimberg, Cláudia Abreu, Chica Xavier, Paulo Betti, entre muchos otros.

La Globo otra vez erró en el horario. Si Fuerza del Deseo hubiera sido colocada en otro espacio, quizás sus ratings habrían sido mejores. Tampoco estaba muy acertada en su deseo de realizar una trama de época (estas habían sido abandonadas en 1991, con Salomé). Pero realmente el motivo residía en el necesario reaprovechamiento de la costosa producción de la miniserie Chiquinha Gonzaga (1998), que había sido concebida con el objetivo de otro reciclaje: el de Regina y Gabriela Duarte, que venían con éxito de Por Amor, donde reprodujeron su vínculo real de madre e hija. Era necesario hacer brillar a Gabi en una trama de época.

Gilberto Braga definitivamente no había tenido su mejor década en los 90. Desde su mismo comienzo tuvo que tragar buches amargos. El Dueño del Mundo (1991-1992, 8 p.m.) había sufrido la competencia ‘desleal’ de una novelita mexicana llamada Carrusel. El público rechazó su trama llena de maldades y de hechos desagradables. La virginidad resultó ser un tabú en el Brasil de los 90. Su personaje central, Marcia (Malu Mader, desde esa época ‘musa’ de Braga), la perdió en su noche de bodas, con el seductor villano Felipe Barreto (Antônio Fagundes) ¡Imagínense! Además de ello, el público no conseguía entender cuál era la maldad del mismo, pues el encanto del actor lo dificultaba. Había cierta perturbación en los valores de la audiencia (aunque demostrara un moralismo bastante anquilosado en sus actitudes): “En Brasil, la mujer sólo se vuelve víctima en caso de violación con sangre y al recibir una bofetada. Nadie entendió la violencia sufrida por Marcia. El público cree que ella entregó su virginidad porque quiso, y además, traicionó a un marido tan buena gente”, revelaba la coautora Leonor Bassères (recientemente fallecida, justo en plena faena de Celebridad), en entrevista al Jornal do Brasil (Novela de las 8, Trata de Reaccionar, 25/05/91). La propia protagonista se mostraba perturbada ante el exceso de mojigatería demostrado por la población: “La gente no reparó en toda la seducción de Felipe, ni que Marcia telefoneara a su marido implorando su presencia”.

Fue necesario entonces crear una ‘media suela’ –como se conoce en el argot televisivo la inserción de capítulos entre los ya escritos– y acentuar más los motivos de la venganza de Marcia, espina dorsal de la telenovela. Era indispensable demostrar que Marcia no era una “ninfomaníaca fría y vulgar”, sino que se trataba de “una muchacha frágil, con un marido asexuado, que no resistió a la tentación”. Gilberto se acordó del consejo de su madrina, la ‘mágica’ Janete Clair, que le decía: “cuando una trama va mal, manda a la protagonista para el cepo y éntrale a latigazos”. Por lo cual Marcia, en los capítulos injertados, poseída por la rabia que le causaba el cinismo sin límites de Felipe Barreto, un cirujano plástico mujeriego e inescrupuloso, lo agredió cortándole la cara (¡qué ironía!) con una navaja y, luego de haber sido despreciada por su familia, cayó presa. Razón por la cual la audiencia en masa acompañó el dolor de la sufrida heroína y los ratings se enderezaron. Como una novela es el audiovisual más dúctil que existe, Felipe Barreto sufrió tantas metamorfosis como fue posible y necesario: beatificándose, allá por la mitad de la trama; posteriormente, ese proceso se invirtió y éste volvió a ser el mismo canalla de siempre.

Patria Mía tampoco escapó a los cambios repentinos. A pesar de haber tenido un estreno favorable, su trama se desvirtuó por el camino, ‘gracias’ a la inestabilidad que la relación personal de Vera Fischer y su marido en la época, Felipe Camargo, así como su afición al alcohol y los narcóticos le trajo.

Silvio de Abreu, el rey de la comedia en los años 80, tampoco pudo demostrar que su talento seguía encantando a la masas. La Reina de la Chatarra tuvo problemas en su estreno; Dios Nos Asista (1992, 7 p.m.) tampoco fue de sus entregas más exitosas. La Próxima Víctima y Torre de Babel ya las conocemos… Pero quien pensaba que con Las Hijas de la Madre (2001–2002, 7 p.m.) se reivindicaría y devolvería a su horario tradicional el esplendor de antes, se equivocó. La Impresionante Lucha De Las Hijas De La Madre En El Jardín Del Edén, si no fue de las novelas más exitosas de la 7, sí tuvo el título más largo jamás dado a un audiovisual (nos atrevemos a decir). Y la ironía fue que Las Hijas de la Madre… era en sí una gran ironía, que demostraba la fibra de magnífico comediante de Silvio de Abreu.

Lulu Luxemburgo (Fernanda Montenegro) es una modista de fama mundial que tiene dos hijas y un hijo. Al regresar a su natal Brasil, se encuentra con una sorpresa: Ramón, su hijo, ya no lo es más y ahora se llama Ramona (Cláudia Raia). ¿Qué sucedió, se preguntarán ustedes? Pues muy sencillo, Ramón se hizo una operación de cambio de sexo y ¡se transformó en mujer! Bueno, eso dicen… porque en realidad no estaba claro… Por otro lado, el travestismo y ambigüedad sexual sigue, pues una gordita bonachona (Cláudia Gimenes), que no puede conseguir empleo, se tiene que disfrazar de hombre para lograr esto. Y si el problema acabara aquí no habría ninguno, pero el hecho que es la tal gordita, cuyo nombre se nos escapa en las trampas de la memoria, se enamora perdidamente del personaje interpretado por Reynaldo Gianecchini, un mujeriego convencido que empieza a dudar de su masculinidad cuando se siente atraído por su ‘compañero’. Además de él hay un cubano interpretado por Tony Ramos, que tiene un resort conocido como Jardín del Edén, donde opera un casino.

El elenco de Las Hijas de la Madre, que en portugués es igual a decir ‘las hijas de su madre…’, en clara referencia a una muy gráfica frase, era de lujo: Fernanda Montenegro, Raúl Cortez, Yoná Magalhães, Tony Ramos, Cláudia Raia, Reynaldo Gianecchini, Thiago Lacerda (los dos galanes del momento), Andréa Beltrão, Cláudia Gimenes, Cleyde Yáconis, Flávio Migliaccio, Regina Casé (que regresaba a las novelas luego de una larga ausencia), Lavínia Balzac, Alexandre Borges, entre muchos otros. Si en Torre de Babel se suponía que se había acaparado a todas las estrellas de la Globo, aquí no fue menos.

Además de ello, como Jorge Fernando, el ágil director, siempre estaba en busca de novedades para sus realizaciones, se incluyeron raps en la trama, que resumían lo que sucedía en cada capítulo. Era una especie de ‘cordel nordestino’, pero a la moderna. La edición era frenética y los diálogos agudos e inteligentes. Pero la gente otra vez prefirió la linealidad de una novelita mexicana y muchos emigraron al SBT, donde la lacrimógena Carita de Ángel chantajeaba la sensibilidad un humano mínimamente normal, con las desventuras y ternuras de una niña huérfana que buscaba su felicidad. Al menos esta fue la justificación de la Globo y los autores de la Novela de las 7.

Lo cierto es que el público brasileño no estaba preparado aún para una trama ‘tan innovadora’. Uga Uga, de Carlos Lombardi, transmitida en el 2001, era mucho más comprensible para un contingente poco intelectualizado. La trama de este autor, que comenzó en las lides novelescas, con el propio Silvio –al cual dio una especie de golpe de estado en Vereda Tropical (1984-1985)–, ya había tenido cierta repercusión en el horario con las populares Bebé a Bordo (1989), PeligrosasArpías (Perigosas Peruas) (1992), Cuatro Por Cuatro (1994) –hasta entonces su éxito más sonado– y la azarosa Vira-Lata (en portugués, Perro Sato-Callejero ). Su humor siempre fue poco ‘sutil’, por así decirlo. Sus tramas ágiles y sin compromisos.

En Cuatro… había igual cantidad de mujeres dispuestas a unirse y luchar contra los hombres que las habían hecho infelices. El melodramón no se dispensaba, obviamente, y la lucha por la patria potestad de una niña ocupó bastante de sus capítulos. Incluso el matiz ‘irónico’ de esta telenovela llegó a superarse a sí mismo, presentando la primera escena de sadomasoquismo de la TV brasileña. Uga Uga, por su parte, resultó polémica desde su estreno, pues su protagonista, el indio Tapuatú (Cláudio Heinrich) –en realidad un blanco que se perdió en la selva a raíz de un accidente aéreo cuando era niño– anduvo los primeros capítulos de la trama prácticamente en cueros. El exceso de testosterona y de explícitas desnudeces masculinas hizo al ministro de justicia tratar de censurar el serial; justamente en épocas en que Lazos de Familia había sufrido la interdicción del Juez de lo Civil, Ciro Darlan, debido a la participación de menores en la trama, que no considerada apta para un infante. La presentación, en forma de un comic, ya nos anunciaba lo que íbamos a ver: una caricatura, con mucha acción, humor burdo y sexo explícito. Como ya dijimos, Lombardi no se compromete demasiado en sus argumentos, por esto se inventó una tribu indígena inexistente. Asimismo, se llevaron a cabo complicadas grabaciones con efectos, para dar el clima de Indiana Jones tropical. Sólo en los primeros dos capítulos hubo 140 situaciones que requirieron el uso de la pirotecnia.

Fruto de la entrecomillada imaginación de Lombardi, Kubanacan, dos años más tarde, trataba de reeditar el mismo éxito, con elementos semejantes; sin embargo, por el camino, la trama caótica simplemente alejó al público.

El folletín alcanzó muy buena audiencia en su estreno y así se mantuvo durante largo tiempo, pero la gente se cansó de su desorden y anarquía. El mismo humor burdo de Uga Uga se combinaba con un jugueteo con lo tropical y lo supuestamente caribeño (ya ensayado en Salsa & Merengue, de Miguel Falabella, 1996). La estética ‘latina’ estuvo presente en todo: vestuario, banda sonora (Luis Miguel, Cristian, José Feliciano, bolerones e incluso música cubana: Omara Portuondo (El Hombre Que Yo Amé) y la Orquesta Gloria Matancera), nombres: Marisol, Rubí (para cualquier televidente latinoamericano, evidentes, debido a que son títulos de dos telenovelas lloronas). ¿Las razones? Ningún boom especial de lo ‘latino’ en Brasil. Fue el alza de Miami (Estados Unidos) como mercado para los productos de la Globo. La clara referencia y manipulación política del tema Cuba hacía suponer su atractivo en dicho territorio. Kubanacan se desarrolla en una mítica y homónima isla del Caribe, que se ve azotada por un golpe de estado en la década de los 50.

Como Carlos Lombardi había escrito con éxito la miniserie En El Quinto Infierno (2002), la Globo planeó que éste escribiera Kubanacan para ese espacio, pero como El Beso del Vampiro, de Antônio Calmon, había fracaso en su empeño de salvar el programa de las 7, la emisora reorientó de horario la historia.

En 1991, Antônio Calmon había creado una original fábula que combinaba vampiros, crucifijos, cabezas de ajos y muchos jóvenes. Se llamó Vamp y sirvió de inspiración a El Beso…, la relativa segunda parte. El éxito de la primera opacó los precarios ‘defectos’ especiales. Y por el contrario, el enorme despliegue tecnológico de la segunda (según algunos se superó el millón de dólares invertidos) no contribuyó a que la trama se mantuviera a flote y ya en las primeras semanas naufragó en la frustración.

Para la Globo, el 2002 fue caótico en el plano de las estrategias, particularmente en lo referido a las segundas partes (que, como reza el refrán, “nunca fueron buenas”). Esperanza calló en el bache, en el que meses más tarde caería también El Beso….

Los niños habían sido un segmento preterido por el horario. De ahí el posible entusiasmo generado por Carita de Ángel o Chiquititas, en el SBT. Por lo cual la Globo meditó en un posible rescate de ese público y creó la trama que nos ocupa. Los primeros datos confirmaban lo acertado de la decisión: ahora había 31% más niños viendo la Novela de las 7. No obstante, las amas de casa, blanco principal de toda telenovela, se ‘asustaron’. Según la opinión de Calmon, la superstición las venció y alejó de las pantallas globales, de las cuales supuestamente salía el ‘demonio’, mientras estaba en el aire la emisión. Todo a pesar de que los nuevos vampiros fueran ‘políticamente correctos’: usaban protector solar, bebían sangre embotellada en Escocia y no mordían ni ancianos, ni niños, ni gestantes. ¡Así son las cosas, señores!

Villa Magdalena (1999-2000), de Walter Negrão, se pensaba fuera la experiencia más caótica del horario, pero El Beso… la venció, marcando audiencias más próximas a los 20 puntos que a los 30.

El horario de las 6 de la tarde, luego de Fuerza del Deseo, no desistió de las tramas de época. Se deseaba volver a aquellos áureos años en los que la conjugación de melodramas ligeros de época, a las 6, comedias desenfrenadas a las 7 y dramas intensos a las 8, permitió medias anuales superiores a los 50 puntos. Esplendor (2000), primera novela individual de Ana Maria Moretzsohn, pretendía inaugurar una época de mininovelas, con un promedio de 70-80 capítulos. La emisora iba a alternar propuestas más largas con éstas más reducidas.

La trama sencilla y sin demasiados vericuetos de Esplendor, situada en los 50 brasileños, aumentó ligeramente los ratings del horario. Pero el salto se dio con su sustituta, que de una media que bordeaba los 30 puntos logró alcanzar los tan ansiados 35. El Clavel y La Rosa (2000-2001) también usaba a Shakespeare como pretexto, pero, al contrario de Suave Veneno, era su fase más gozosa la que predominaba aquí. En términos de la coctelería novelera, Suave Veneno era un bloody mary, mientras que El Clavel y La Rosa no pasaban de un ligero y refrescante margarita, perfecto para una tarde de la semana. ¿Los componentes? Pues unas gotas de Cyrano de Bérgerac, varias dosis de los etéreos, pero locos años 20, dos o tres tajadas de La Indomable (10) y El Machote (otros clásicos de Ivani Ribeiro y Sérgio Jockyman , respectivamente), y mucho, pero mucho de La Fierecilla Domada. Walcyr Carrasco, que venía de la recién fenecida Manchete, donde bajo seudónimo escribió la explosiva Xica da Silva, los tomó, los batió bien, los revolvió y consiguió lo que ya parecía una proeza: el éxito.

El Clavel y La Rosa marcó una época en las Novelas de las 6, al punto que, cuatro años más tarde, el mismo autor volvió, luego de un intento fallido de incursionar en la época barroca y el misticismo católico en La Patrona (2002), a su confrontación masculino vs. femenino, con los años 20 como marco en Chocolate Con Pimienta (2003-2004). Pero vayamos por orden. El Clavel y la Rosa contó con un depurado trabajo investigativo encaminado a asir el encantador, pero complicado espíritu de los 20. Según Carrasco, “Los años 20 vuelven verosímiles, discusiones que hoy son evitadas, pero que aún están presentes en los corazones de la gente”. Se buscó retratar las conductas de un período, con referencias históricas concretas, como la transformación del arte, en la literatura y en la plástica; la lucha por el voto de la mujer y la importancia de su papel, fueron temas de la novela. Como parte de esta intención de verosimilitud, no sólo el autor tuvo que beber en la variedad de fuentes que se usaron: documentales, fotos, postales, filmes; también lo hizo el equipo, que procuraba una identidad visual creíble y al mismo tiempo adecuada; así como el elenco, que recibió talleres de historia con prestigiosos profesores de la USP, Universidad de São Paulo, para de ese modo comprender plenamente lo que, a través de sus personajes, defenderían. Asimismo, algunos de sus actores aprendieron a fabricar queso de la manera tradicional y a ordeñar vacas.

(…)

Realismo estadístico, el ‘otro’ realismo

Si en los tempranos 70 las novelas de la Globo podían ser consideradas como verdaderamente realistas, lo que sucedió a partir de la segunda mitad de la década fue la instauración de un sofisticado naturalismo, bien al estilo de la filmografía norteamericana, como patrón básico para los espacios dramatizados de la Venus Platinada. Los 90 y particularmente los 2000 trajeron otra tendencia, que fue el llamado ‘realismo estadístico’, es decir, que la pauta de lo que sucede en las historias, mucho más que antes, lo dan los números de audiencia y las estadísticas (comportamientos, tendencias, mercado), conllevando a la desnaturalización de la anécdota en virtud de estos principios. Asimismo, las tramas se vuelven casi periodísticas, reflejando hasta el más insignificante hecho que marque el acontecer nacional. Viendo aquí una tendencia a la fusión, al menos somera, con el reality, tan en boga en la televisión mundial. (11)

No estamos descubriendo el agua tibia cuando decimos que la Globo siempre prestó una atención especial a la opinión del público, pero, actualmente, las cosas que claramente desagradan se van de inmediato del aire y las que reciben una buena acogida se potencian, hasta nuevo aviso. No es posible planificar una trama varios meses por delante. Es necesario escribir episodios breves que se cierren en la misma semana, pues se corre el riesgo de desagradar y naufragar.

Claros ejemplos de esta tendencia resultan justamente los éxitos más rotundos de los últimos cinco años: El Clon, Mujeres Apasionadas y, en menor medida, Celebridad, cuyo mérito más loado ha sido el regreso a la coherencia dramatúrgica, abandonada por sus antecesoras.

El Clon no pudo ser más certera en su entrada al aire. No se sabe en qué bola de cristal hurgó Glória Pérez, pero la trama que hacía más de dos años venía pesquisando y perfilando se estrenó pocas semanas después del monstruoso atentado a las Torres Gemelas. En el mundo todo apuntaba a un enfrentamiento entre Occidente y Oriente, entre Cristianismo e Islam, y en la Novela de las 8 de la Globo, Jade y Lucas (polarizaciones dramáticas de uno y otro universo) debían luchar por su amor imposible. Alguien puede gritar: ¡oportunismo! –pero estaría errado de medio a medio. La fecha del primero de octubre ya se había planificado, quizás, antes del estreno de su predecesora, la folclórica Puerto de los Milagros.

La Globo es así, a pesar de las inestabilidades que la interacción con el cotidiano impone, planifica con precisión milimétrica sus ofertas, con tal de evitar percances y, en caso de haberlos, reaccionar a tiempo.

En principio vemos una historia francamente folletinesca: Jade (Giovanna Antonelli), joven inocente, criada en los más férreos principios del Islam, pierde a su familia y tiene que dejar el mundo que conoce para entrar en una nueva dimensión. Esta es Marruecos, la tierra de sus ancestros, que se ve ‘matizada’ por los parientes que allá le quedaban. Nada es igual, pues no está ella acostumbrada a someter su existencia a algo único y quizás egoísta –Dios.

La sumisión es palabra de orden en su familia: se someten las sobrinas a los tíos, las hermanas a los hermanos varones, y todos ellos a Alá.

Pero el alivio viene de manos del amor. Conoce a Lucas (Murilo Benício), un joven brasileño de buena familia, que pasa con su padre y hermano gemelo las vacaciones en aquel país. Como el melodrama siempre cobra su tributo, Diego, el hermano gemelo de Lucas, nuestro héroe, es malo y totalmente diferente de él. Sin embargo, aquí es donde G. Pérez nos da la primera sorpresa: corta de raíz el árbol de los gemelos que tantos frutos ha dado en la dramaturgia sentimental y mata al hermano malo en un accidente de aviación.

Desolación y dolor, cambios en las personalidades, genera esto. Albiery (Juca de Oliveira), un científico renombrado y muy ambicioso, padrino de ambos, no se acostumbra a la idea de haber perdido a su ahijado. Y es entonces que decide poner en práctica un plan bastante acariciado: clonarlo. Aquí es donde comienzan las primeras dificultades éticas. ¿Es la clonación humana algo deseable? ¿Es permisible? ¿Se puede utilizar a alguien y manipularlo en pro de una idea que a su vez no está bien definida en el sentido moral?

Glória Pérez no quiere dar respuestas, al menos no respuestas prefabricadas y excluyentes. Nos deja a nosotros, público, sociedad, definirlo. Mientras que en la novela utiliza el recurso que el mismo Dios le dio, el poder de ser ‘Dios’ en su trama.

Los conflictos y las posiciones en pro y en contra se personalizan o, mejor dicho, se ‘personajizan’, si es posible decirlo así. Alí (Stênio Garcia), tío de la protagonista, a pesar de un alto nivel intelectual, está sometido a Dios y a sus costumbres. Él y un padre de la Iglesia Católica son los mejores amigos del no muy honesto y doble científico. Cada uno representa una visión, un punto de vista acerca de la clonación. Albiery mantiene todo en secreto, engañando a Deusa (Adriana Lesa), una manicura negra que ha acudido a la inseminación artificial, cansada de las promesas y el ‘racismo’ de su amante blanco. Todo sucede como por casualidad y ella es la ‘portadora’, la ‘barriga de alquiler’ del experimento científico, sin saberlo.

Por su parte, las tramas corren su curso. Jade sufre en carne propia la presión de muchos siglos de tradición y se enfrenta a una visión que le es totalmente ajena. Lucas tiene que asumir el imperio ‘matando’ al joven limpio y de sentimientos nobles que tenía en sí. Asume no sólo el control de las empresas, sino también a la novia de su hermano. Maysa (Daniela Escobar) y Lucas no son felices, y Mel, su hija, lo ve.

Glória Pérez teje su madeja hábilmente; prepara el terreno para abrir otros frentes. Ella entiende perfectamente a qué puede llevar un matrimonio infeliz, una madre frustrada y un padre robotizado por la ganancia. Mel se transforma en víctima de la desilusión y de la sociedad en que vive, y se entrega a la droga.

Aquí comienza lo más novedoso e importante de esta telenovela, el tratamiento del tema de la droga, incluso superando la cuestión central (clonación–islamismo) que, de por sí, tiene muchas aristas –un gran número de las cuales, a pesar de presentes, no son evidentes, ni siquiera para su autora.

Por ejemplo, la contraposición de dos mundos y las diferencias entre ellos pueden ir más allá del simple hecho de adorar a un dios con un nombre diferente. Said (Dalton Vight), marido de Jade, tiene derecho a casarse con cuatro mujeres, según lo permite su religión, pero sólo puede hacerlo en caso de que esté en condiciones de mantenerlas de acuerdo a su estatus (cada esposa tiene una posición en la relación conyugal musulmana).

En Brasil, sociedad ‘occidental’ y ‘civilizada’, se exhibe un cuadro diferente. La dueña de un café en una barriada de pobre, que se esfuerza y trabaja, mantiene a un hombre que no mueve ni un dedo. ¿Contradicción? Evidente, pero sutil para el ojo gigante de la audiencia, que cuando más sigue los pasos más recientes de las relaciones amorosas. Hay en estas situaciones mucho más de lo que a primera vista se deja ver.

Las subtramas son infinitas, como queriendo abarcar lo más posible todas las aristas de ese Brasil hecho de retazos étnicos y sociales. El éxito comienza a mostrar proporcionalidad con el aumento en el texto del papel de la droga y sus destructivas consecuencias, y Glória Pérez hunde mucho más el bisturí en esa herida.

Finalmente, mostrando la difusa frontera entre la realidad folletinesca, estadística por obligación, y la de la vida cotidiana, Glória Pérez, neófita en el asunto, deja a un juez y un fiscal reales la decisión sobre el estatus legal del clon. ¿Qué cosa es un clon, a quién corresponde su tutela jurídica? ¿A la mujer, que sin saber ese carácter lo ha gestado en su vientre? ¿Al padre de la persona fallecida clonada? El fallo tiene que sacarse del aire, pues no hay doctrina sobre la materia… recuerden que sólo estamos ante una fantasía (a pesar de los ecos de futurismo que expidió esta historia).

Quizás fruto de esa misma ‘realidad’ de las cifras y la ‘lógica humana’, que inclinó sus simpatías hacia la noble y batalladora Deusa, la tutela del clon fue otorgada a ella. Por un lado, la autora supuestamente acataría lo que resolvieren los especialistas en la materia; por otro, ellos mismos, insertados de lleno en la sociedad y como público al fin, no podían hacer caso omiso al clamor general.

Esta premeditada indefinición entre lo real y lo ficticio es un arma de doble filo. Al no poder establecer qué viene de la vida y qué es apenas una creación artística, la verosimilitud se torna una circunstancia más dúctil y, consecuentemente, el público se moldea con mayor facilidad.

Mujeres Apasionadas se valió profusamente de este recurso, generando, además, emociones folletinescas dentro y fuera de la ficción, como ya sucediera con Lazos de Familia, en la que las idas y venidas sentimentales de Edu y Helena, alimentaron toneladas de chismes sobre una posible relación entre ambos actores, en claro detrimento de la popular Marília Gabriela, también madura, pero mucho menos atractiva que la Fischer. En una inusual declaración de principios, Gabriela besó con tórridos ímpetus a su maridito, gritando a la platea de los Premios MTV Brasil: “¡Él es mío!”

Otra anécdota que confirma nuestra tesis. Como ya relatamos antes, Fernanda (Vanesa Gerbelli) moría como consecuencia de una bala perdida en un duelo entre bandas, en plena calle carioca, justo cuando las mafias del narcotráfico, en un pugilato intenso, trataban de demostrar que sí son un poder paralelo y que eran capaces de darle la batalla al poder oficial.

La secuencia de la bala perdida fue una de las más complejas jamás vistas en la TV Brasileña y, obviamente, tenía que causar ronchas, pues a pesar de que el entusiasmo que había generado Mujeres Apasionadas estaba en sus calcos de la realidad, la gente tampoco estaba dispuesta a presenciar con esa fidelidad documental las escenas que a diario tenía que ver en la calle.

La violencia doméstica, el cáncer de mama, el prejuicio contra los ancianos, la obsesión de una socialite en seducir a un padre, poniendo bajo signo de interrogación la sacrosanta institución del celibato católico (por un lado, recurso super-gastado, por otro, la confirmación que es una discusión latente en las sociedades de este credo, debido a una imposición tan irracional como nociva), el romance entre mujeres mayores y jóvenes, casi adolescentes (con derecho a escenas de sexo y todo), los desequilibrios sociales (la relación entre una mujer rica y un taxista), el alcoholismo, la violencia urbana, además de todas las emociones y situaciones normales de los folletines, no fueron precisamente la traducción de las inquietudes sociales de su autor (que, según creemos, son casi nulas –al menos si identificamos inquietudes sociales con militancia política–; Dias Gomes y Lauro César Muniz, nunca escondieron su afiliación al partido comunista, razón por la cual fueron perseguidos; Gilberto Braga, a su vez, aunque cuestionaba el cuño –según él, anticuado– de ‘derecha’ e ‘izquierda’, se declaraba como un hombre de principios más próximos a la segunda tendencia, a pesar de su abultada cuenta bancaria), sino de la convicción que cada año crece en Brasil de que éxito es sinónimo de escándalo y de polémica.

Si trazáramos una imaginaria línea del tiempo en la obra de Manoel Carlos en los 90, veríamos que ésta va cambiando su tono de un rosa pálido en 1991, con Felicidad, hasta un rojo punzó con su última telenovela, en el 2003. Todas las pasiones del infierno lacrimógeno se acentuaron durante una década. La telenovela dejó de ser una obra de ficción que contaba una anécdota, de cuyo contenido el público absorbía patrones de conducta, sino que, al igual que está sucediendo con los actores (según la opinión autorizada de Chico Diaz), que les van aproximando cada vez más los personajes y no al revés, los patrones de conducta son los que moldean las tramas y los personajes. De ahí la temporalidad (aunque hay temáticas que son vitales en todos los tiempos) como elemento más marcante de estas entregas. Nada garantiza, a no ser la habilidad narrativa de Manoel Carlos, que Mujeres Apasionadas, en una transmisión futura o, aún más, en un remake dentro de varios años, logre suscitar el mismo y encendido interés de ahora. La duda que no tenemos es que Mujeres de Arena y El Viaje continuarán acaparando las atenciones y emociones del público las veces que se hagan, aunque sea en un hipotético mundo de tecnologías, sin mucho corazón. Y es que ambas telenovelas tienen algo que falta a muchas de estas polémicas longanizas: una historia y no una improvisación al son de los caprichos colectivos.

Celebridad, en este aspecto, fue más feliz. Gilberto Braga tiene fama de ser un escrupuloso arquitecto de tramas y subtramas, las cuales combina con exactitud aristotélica. Y aunque la historia de María Clara, La Musa del Verano, que vio su fama surgir tan súbitamente como se esfumó a posteriori su felicidad, no sea de las más originales (depende del punto de vista que se vea; sus ligámenes y fundamentos son melodramáticos, sí, pero también sociológicos), no se puede negar que Gilberto Braga y su equipo hacen un esfuerzo por demostrar que estructuras y dramaturgia no son valores del pasado; que un edificio, para tener una armazón sólida, debe contar con cimientos igualmente macizos.

María Clara Diniz (Malu Mader) es una joven bella y llena encantos; los suficientes para que su novio, Wagner Lopes, músico inspirado, se llene de la luz que su musa le traspasa y cree el tema musical Musa del Verano. Como la sinceridad y fuerza genuina pueden garantizar las más grandes repercusiones, Musa del Verano se vuelve un exitazo, incluso fuera de las fronteras de Brasil, donde es adaptada y se conoce bajo el apelativo anglo de Summer Spell. El boom es tan grande que una empresa de cosméticos negocia el licenciamiento de ese nombre para una nueva línea de productos de belleza y, obviamente, entendiendo que María Clara es la fuerza motriz de tanto entusiasmo, la contrata como modelo exclusiva. Su rostro se vuelve más conocido que el de Jesús y María Clara parece estar viviendo un cuento de hadas: es famosa, rica y pronto se casará con su amado. Sin embargo, un hecho sombrío entristece la ceremonia. Ubaldo Quintela, bohemio y excéntrico, se aparece en la boda, reclamando la paternidad de la canción y exigiendo a Wagner que confiese públicamente su plagio. Los ánimos se exaltan y Ubaldo mata al novio.

Aunque trágico, el inesperado desenlace del noviazgo lleva a María Clara a repensar su vida y, como percibe lo efímero de una carrera montada exclusivamente sobre la base de su juventud y belleza, se vuelve empresaria de eventos culturales, ayudada por las rentas recibidas del éxito de Summer Spell en todas sus variantes.

Exitosa en el show-business, María Clara sería la excepción de la regla, demostrando que pisar cabezas ajenas no es el forzoso camino que se debe seguir a la hora de alcanzar el triunfo. Independientemente de eso, ella está rodeada de envidiosos de toda clase y potencia.

Por su parte, el galán, Fernando Amorim (Marcos Palmeira), es un joven humilde, que gracias a su empeño y genio (!) emerge en el competitivo mundo del cine, a pesar de las presiones de su poderoso suegro Lineu Vasconcelos (Hugo Carvana), un magnate mediático que no perdona a su hija por haber abdicado de su fortuna y haber seguido a un ‘muerto de hambre’. Actualmente, el cineasta, que por fuerza de las circunstancias tuvo que emigrar a Europa, es uno de los realizadores de mayor prestigio en el campo del audiovisual.

Obviamente el punto de partida de la trama es el regreso de Fernando a Brasil, aunque no su ‘amor a primera’ vista con María Clara. A diferencia de Mujeres Apasionadas, con un título más que explícito, Esperanza o El Clon, no hay en el vórtice de esta novela una fuerte historia de amor, llena de obstáculos y barreras que haga estremecer los más sensibles corazones. Jade y Lucas, casi desde el primer segundo de El Clon, tienen que desafiar el peso de siglos de prejuicios; Tony y Camilli (Esperanza) tampoco comparten religión y nacionalidad, lo cual se erige como una muralla infranqueable entre ambos. María Clara y Fernando, en tanto, ni siquiera se llegan a conocer en el primer capítulo y, cuando lo hacen, su encuentro no es de los más gratos.
Las reminiscencias de Dancin’ Days (1978-1979), el primer gran éxito del autor en el horario estelar, están presentes: sus recordados Julia y Cacá (Sônia Braga y Antônio Fagundes) se conocen sólo 20 capítulos después de iniciado el conflicto central: el regreso de Julia de la cárcel y las intrigas de su hermana Yolanda (Juliana Fomm) para evitar que su sobrina Marisa (Glória Pires) se una a esta madre ‘tan poco conveniente’. Celebridad no se distingue sustancialmente de otras tramas de Braga en este acápite; el autor considera que la gente sólo se conecta al mes y tanto de estar en el aire y por ello va tejiendo otros conflictos que, aunque temporales, no dejan de ser vitales en estas estructuras, como ya dijimos, planificadas hasta parecer científicas. La fama es el tema de esta vez.

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Aunque hasta aquí hemos descrito un argumento, aparentemente fundamentado en los patrones más comunes del melodrama de ascenso social (ideología oficial de la Globo), todo aquí es absolutamente verosímil (dentro de lo irreal) y tiene su paralelo en el mundo de todos los días. En 1988, la revista Istoé defendía de los comentarios moralizantes de otras publicaciones la trama de Vale Todo, alegando que las María de Fátimas, Marcos Aurelios y Odettes Roitman de la vida estaban disgustados por verse reflejados en pantalla con fidelidad fotográfica. Su polarización extrema nacía de la necesidad de encajarlos en un tipo dramatúrgico determinado: el villano; sin embargo, el repertorio de intrigas,sólo tenía compromiso con lo que sucedía por esos días en las vidas de los brasileños.

Tal vez no haya una María Clara Diniz viviendo en la otra cuadra; quizás Renato Mendes no dirija ninguna revista de tirada millonaria, ni Lineu Vasconcelos manipule mentes y sentimientos, pero cabría preguntarse, ¿cuántas María Claras, Renatos y Lineus hay en la vida? ¿No habría pinceladas de la personalidad del todopoderoso propietario de las Organizaciones Globo Roberto Marinho, fallecido el seis de agosto de 2003, en el asesinado villano de la trama de las 8? ¿No son las agrupaciones e intérpretes musicales internacionales y nacionales reales que gerencia la sufrida protagonista, además de un ‘valor agregado’ para la trama, un recurso para tornarla reconocible, al enmarcarla en una actividad laboral concreta?

Y he aquí, quizás, una de las contribuciones mayores de la telenovela brasileña: los tipos son no-realistas; sus motivaciones, no obstante, son cotidianas. En las religiones politeístas (y en el catolicismo popular) las necesidades espirituales específicas se canalizan por medio de la divinidad concretamente encargada de ellas; en las telenovelas, cada situación del día a día se identifica con el tipo preciso, lo cual mantiene esquemas narrativos arraigados y permite una mayor identificación con el público y un mejor tratamiento de las temáticas, al poder explotarlas plenamente en los perfiles adecuados.

Celebridad fue más allá y actuó con extrema alevosía en aras de perturbar al público en lo que es real y lo que es ficticio: como parte de la campaña de su lanzamiento se desplegó un gran número de vallas publicitarias anunciando un nuevo perfume que entraría en el mercado –El Summer Spell. La cara de Malu Mader, la estrella del folletín y habitual modelo de joyas, relojes y productos chic, estaba diseminada por las calles de las capitales más importantes de Brasil, por lo cual, cualquier transeúnte, distraído o no, sería capaz de creer que en realidad se estaba promocionando una nueva marca de perfume. Sin embargo, en la semana previa al estreno de la super-novela, se agregó un cartel más a esos anuncios: “exclusivo de la Novela de las 8”.

Si confusa fue la utilización de este ardid propagandístico, qué decir de la inclusión en el sitio web de Celebridad de la página personal de Caio Mendes, hermano de Renato, el cual falleció en la trama, dejando una estela de tristezas y pesares. La referida página presentaba toda la trayectoria del personaje desde pequeño, como si estuviéramos en presencia de alguien real, mostrando fotos de la infancia (en su mayoría auténticas) así como fotos de sus ‘amigos’, todos personajes de la novela. El lanzamiento en la trama coincidió con su lanzamiento real, haciendo posible el acceso de todos los que así lo desearan, debido al carácter abierto de Internet.

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En otro intento de apuntalar la trama con ‘valores agregados’, como ya enunciamos párrafos más arriba (recuérdese que durante bastante tiempo se desconfió de su pertinencia comunicativa y su potencial de éxito), la dirección de la Globo decidió invitar a figuras de la música internacional. Simply Red abrió la amplia lista de estrellas, entre las cuales debían estar Alannis Morrisete, Julio Iglesias, Alejandro Sanz y ¡hasta Paul MacCartney! Ellos aparecerían como clientes de la empresa de María Clara y sus shows se transmitirían fragmentados como parte de los capítulos.

Los astros brasileños, al principio, no eran tan frecuentes. Roberto Carlos fue el primero en aparecer (¡de otra forma no podía ser!), pero la repercusión de su participación fue discreta, rindiendo apenas 43 puntos; lo que confirma la tendencia que vienen siguiendo sus Especiales de Navidad, otrora plato fuerte de la programación festiva y que hoy tienen que contentarse con medianos 30 puntos como promedio. Nana Caymmi fue otra de las invitadas en la primera fase de la novela, antes que la necesidad de someter a su protagonista al sufrimiento la hiciera caer en la pobreza y tener que reempezar su carrera de cero.

Sospechamos que los costos de las estrellas internacionales eran excesivos y las retribuciones insuficientes, por tanto, se optó por una variante más económica y que podía funcionar mejor: cambiar el matiz de la actividad de María Clara, encaminándolo hacía una línea más popular e informal (12). Así se lograba la conjugación de las conveniencias de la producción y de la historia (más que frecuentes en la Venus Platinada). El samba (actualmente en obvia resurrección mercadotécnica) se vuelve el blanco de los eventos celebrados por la abatida empresaria y el Sobradinho, una modesta casa de espectáculos, sustituye los sofisticados espacios, como el Canecão, el Credit Card Hall o el Direct TV Hall, que con sus elevados precios, no permiten el acceso de todas las clases. Y como todo en las novelas es una justificación para vender, se lanza una colección de sambas, con los artistas que intervendrán en el citado Sobradinho.

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Al analizar el ‘realismo’ de Gilberto Braga, en un artículo homónimo de 1979, a raíz del exitoso final de Dancin’Days, Pignatari decía: “Los espíritus creadores de la Globo, tales como Gilberto Braga e Janete Clair, parece que son regidos por un super-espíritu, no sé si individual o colegiado, que fluctúa vigilante sobre el Jardín Botánico de Río de Janeiro (sede de la emisora NA) y que, cual veleta mercadológica, después de detectar hacia dónde soplan los vientos, inspira a sus novelistas soplándoles las buenas ideas… O entonces, todo no pasa de un reflejo del espíritu del equipo global o es mera coincidencia”. Párrafos más tarde, agregaba: “Y es en el asunto de la ‘paz social’ que reside todo el ‘irrealismo’ de Gilberto Braga. Aunque vivamos en un estado de depresión económica endémica desde el Descubrimiento, no tuvimos aquí La Depresión, aquel terrible desánimo, que abatió a los Estados Unidos, después del crack de la Bolsa en 1929; quiebra que acabaría por elevar a Vargas al poder aquí, y Roosevelt al gobierno, allá. Con Roosevelt, vinieron la nueva política económica socializante del New Deal, la autocensura hollywoodense de la Hays Office y la sociedad de consumo tal como la conocemos hoy. Esa sociedad de consumo, por su parte, no es sino una ‘economía de recepción’, que se traduce en el lema “dar al pueblo, lo que el pueblo quiere” (basa del realismo estadístico, NA) –todo tendiendo hacia la media y el repertorio medio– en un sentido semejante al que se presta hoy a una supuesta ‘semiótica de la recepción’ o ‘estética de la recepción’, creación de ciertos semiólogos europeos en estado de choque ante el consumismo, que, finalmente, se instaló en Europa en los años 60”.

Décio Pignatari traza una línea de comparación entre el cine de la era de Roosevelt y las novelas de la Globo, ya que se produce en ambos una metamorfosis social, mediante la cual un individuo de la clase media asciende a un estatus superior, y los que ya están en él aceptan con una pasividad sospechosa los valores que éste carga. En Dancin’ Days, la opulenta Yolanda Pratini acata los ‘mandamientos’ de la clase media yendo a trabajar. En Celebridad, María Clara, como ya dijimos, aunque no en castigo, y sí en confirmación de la tesis del sufrimiento como redentor de las audiencias y coagulador de la simpatías públicas, pierde todo por una maquinación de Laura y tiene que reiniciar su carrera de cero, con una casa de espectáculos en un barrio popular de Río de Janeiro, sin mayor perturbación que la que la indignación por la injusticia genera. Incluso, se ve precisada a arreglar eventos de dudoso gusto, lo cual se ve como una humillación (con relación al gusto innato de las clases privilegiadas), pero ella no se detiene y sigue adelante con fuerza y pujanza. Confirmando entonces, una vez más, que el esfuerzo y el talento al fin y al cabo serán compensados con una sola cosa: éxito, tal y como promete la ideología de las sociedades de consumo. Y garantizando así la necesaria esperanza, que según el propio diagnóstico de Braga, estuvo presente en Vale Todo y ausente en El Dueño del Mundo, por lo cual ésta habría naufragado en sus entregas primarias.

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Y como Gilberto Braga se ha declarado un cinéfilo inveterado, los referentes cinematográficos no faltan en Celebridad. La Malvada (All About Eve), de 1950, quizás haya ayudado a configurar definitivamente esta telenovela, que según uno de los críticos más halagüeños la calificaba, a pesar de los pesares, como el mejor programa de la televisión abierta por: “1) presentar un universo de citaciones, homenajes e inspiraciones cinematográficas (…); 2) tener personajes nada unidimensionales, que no sólo actúan conforme al carácter que les fue dado, sino con base en los diferentes estados de ánimo y espíritu que atraviesan, lo cual los vuelve aún más interesantes y 3) la galería de personajes villanescos, frustrados, mal-resueltos, desajustados o malvadotes en verdad, que puebla la actual Novela de las 8”; y además, agregaba como valor la mirada cínica y desfachatada sobre los fenómenos del dinero y de la fama.

Su primer capítulo quizás haya sido una de las mejores clases de ritmo y de coherencia dramatúrgica en la historia de la telenovela brasileña. En un especial de 90 minutos se presentó con agilidad y esmero lo que estaba por venir, sin por eso despreciar la acción, muchas veces dejada para cuando la trama cuaje definitivamente, lo cual, desde Casas de Muñecas, de Ibsen, es un error, pues se pierde tiempo vital en largas y monótonas exposiciones (esto quizás haya hundido a Suave Veneno; muchas otras telenovelas latinoamericanas padecen de ese mal, las cubanas entre ellas). (13)

Siguiendo el ritmo que impuso el impecable guión de Gilberto Braga y su equipo, Dennis Carvalho, el director, se esmeró en escenas de aventuras, con persecuciones, incendio y una toma en picada de la avenida Atlántica, realizada con ayuda de un helicóptero. La cámara, nerviosa, se deslizó entre ricos y famosos, en el Espacio Fama. La tensión fue la marca de las llamadas telefónicas anónimas y del secuestro, cuyo suspense sólo pudo atenuarse gracias a la anticipación promovida por la propia emisora, como parte de ese círculo vicioso que es informar para interesar. Los personajes fueron presentados uno por uno, con un ligero recurso digital, permitiendo a la ‘platea’ identificarse en el enmarañado de caracteres.

La escenografía también se puso al servicio de la anécdota. La decoración de la empresa Vasconcelos, según opiniones de críticos, era clean, con muebles de madera clara y luz fuerte, en contraposición a la informalidad encantadora de la revista. La casa de la ejecutiva, contrario a las expectativas, que transforman en sinónimos las palabras empresaria y soledad, es una reconstrucción de aquellas típicas y patriarcales casas de familia, donde una generación se montaba (sin referencia al espacio físico) una sobre otra, lo cual traduce una añorante tendencia a la nostalgia. Niños, cuñado, madre, empleada… un reparto más digno de alguna hacienda tradicional del universo de Ruy Barbosa, paradójicamente, ausente en casi todas sus tramas de los 90.

La música tampoco se resistió a la ‘saudade’ por el pasado, trayendo a Barry White, con su más que adecuada Love’s Theme, para dar el clima de kitsch-glamoroso, que dominaba la presentación de la telenovela, que hace ya algún tiempo, incluso desde la propia Patria Mía, no son fruto exclusivo de la imaginación portentosa de Hans Donner (artífice en el pasado de joyitas como la presentación de Piedra Sobre Piedra), sino de un departamento que, bajo el generalizador nombre de Central Globo de Comunicación, disfraza talentos y genialidades individuales. Always, en la voz de Caetano Veloso, trae todo el romanticismo de los años 50. Nossos Momentos , interpretada por Gal Costa, viene de la época pre-bossa nova; al igual que los sambas Com Que Roupa? (de Noel Rosa, por Gilberto Gil) y Rio de Janeiro (Isto É O Meu Brasil, de Ary Barroso, por Joao Bosco). Chico Buarque trae un bolero clásico, Brisa do Mar, y Maria Bethânia una pieza de su hermano, O Que Tinha De Ser, también de épocas anteriores (años 70). Nossa Canção es una versión de Roberto Carlos de un tema anglo, que esta vez es cantada por la revelación de los últimos años, Vanessa da Mata. Eso, sin contar la banda sonora internacional, que trae canciones conocidísimas como Just the Way You Are, por Diana Krall, Ruby, por Ray Charles, y Como Han Pasado Los Años, por Julio Iglesias.

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Véase el caso de la Internet que, con su irrupción en el panorama televisivo, ha posibilitado un apoyo propagandístico adicional a la programación de la emisora y, además de ello, ha logrado que ya se pueda comprar on-line, cualquiera de los elementos de ambientación y vestuario, de los productos dramatizados de la Venus Platinada. La práctica se inauguró con Suave Veneno y rápidamente se extendió a los demás espacios: un solo clic en la imagen del elemento deseado y la Globo Shopping enseguida responde.

Consciente de su papel y responsabilidad ante tantos intereses económicos, Gilberto Braga hizo todas las mudanzas e injertos que su público y trama (al son de éste) requirió, necesitó o clamó. Unas dos décadas atrás ya él lo decía: “Soy un escritor comercial. Debo agradar. Si la novela no está agradando, cambio la historia”. Y ahora, presionado más que nunca por el realismo estadístico, Gilberto Braga jubiló rápidamente algunas de las tendencias que más rechazó el público en las primeras entregas de Celebridad: palabrotas, sexo con pespuntes sadomasoquistas, violencia; y potenció las subtramas, llegando incluso a darle mayor realce que a las tensiones amorosas de su protagonista.

El final, aunque previsible –pues, como es lógico, cada oveja quedará con su pareja-, además de la grandiosa fiesta en el Sobradinho, responsabilidad de Gilberto Gil, deberá traernos la sorpresa del asesino de Lineu Vargas, sin dudas, su gancho más potente. Sus malvados (que en esta historia han sido más que suficientes, tanto por intensidad como por cantidad), recibirán los castigos respectivos y, según las filtraciones a los medios, Laura debe morir por manos de Renato, que la lanza desde un balcón al vacío. Lo que ciertamente nadie esperaba era que después de tanto esfuerzo por reingresar al cuerpo de bomberos por parte del íntegro Vladimir (el gran triunfador de las simpatías del público en el ala de los buenitos), éste muera en un fatídico incendio, tratando de salvar a una criatura indefensa. Bueno… Gilberto sabe lo que hace, en definitiva ha demostrado una pericia poco común en estas lides de la fantasía electrónica. La unión de esta, necesariamente lacrimógena situación, y la revelación del autor del crimen, pueden dar el esperado 100% en el capítulo final de Celebridad, con lo cual Gilberto Braga cerraría con llave de oro un capítulo más de la telenovela brasileña, iniciado por él mismo con el final de Vale Todo.

Si una nueva era está por venir, no lo sabemos… Apenas podemos decir, usando un viejo proverbio ruso, que mientras más te adentras en el bosque, más madera ves…

Notas:

1.- O si no, díganlo Uds. mismos ¿no es prodigioso un hombre que ha sabido hacer honores a la dialéctica y mantenerse durante más de dos décadas al frente del equipo, quizás más competente del planeta, como su exponente más talentoso; “el mejor de todos nosotros”, según expresó la fallecida Janete Clair, por sí misma, un total FENÓMENO de la comunicación, pues la llamaban, no por gusto, La Maga de las 8.

2.- Siempre a la brasileña.

3.- Las insatisfacciones cubren un amplio margen: para algunos la novela tiene errores de continuidad, para otros se ha abusado del melodrama y de situaciones francamente lacrimógenas (quien no llore con un hijo pequeño luchando contra el alcoholismo de su padre, un periodista talentoso, pero dicipado, es porque sencillamente no tiene sangre en las venas); tampoco satisfacen demasiado las actuaciones de la parte masculina del reparto, así como se considera que la banda sonora nacional y presentación (una carta de triunfo, casi siempre), no han estado a la altura de lo deseado.

4.- A pesar de que tuvo el estreno más provechoso desde 1999: 49 puntos, con picos de 56.

5.- Datos de la semana del 26 de abril al 5 de mayo de 2004.

6.- Como lo fue aquel en que la heroína María Clara (Malu Mader) propinaba una merecidísima surra a la villana Laura (Cláudia Abreu); en esta ocasión las audiencias se dispararon en São Paulo hasta los 63 puntos y la media general del capítulo fue de 59. Semejantes desempeños han conseguido otras escenas de violencia explícita, como la golpiza que en Mujeres Apasionadas propinada al personaje Raquel (Helena Ranaldi), por parte de su marido: la media fue de 51 y el pico de 54 puntos. Una muy publicitada escena en la cual el personaje de Fernanda (Vanesa Gerbelli) moría a consecuencia de una bala perdida en un combate entre pandillas cariocas, rindió a la emisora una media de 56 puntos, con picos de 63.

7.- Por este principio, al intercalar un programa cuya audiencia potencial sea baja, entre dos con más simpatía del público, éste tiende a aumentar. Asimismo, un programa de alta audiencia irradia de cierta forma al programa siguiente garantizándole que al menos parte del público

8.- Eso si no contamos que el entusiasmo inicial de un realityshow llamado Casade los Artistas, transmitido por el Sistema Brasileño de Televisión, en 2001, llegó a desbancar a un jugador de peso de las noches dominicales, el noticiero ligero Fantástico, que durante sus 30 años de existencia, jamás había perdido su lideranza.

9.- La media fue de 55 puntos, superando incluso audiencias de Novelas de las 8 como Fiera Herida (54 puntos) y Patria Mía (48).

10.- No confundir con La Indomable de Aguinaldo Silva. Su título original en portugués es A Indomada. La de Ivani Ribeiro es A Indomable y se transmitió en 1965, por la TV Excélsior.

11.- Brasil, no pudo escapar a la fiebre de los reality shows. No Limite (En El Límite) fue el primero en asumir la tarea de reflejar la ‘realidad espectacular’ en sus marcos. Se trataba de una versión del sueco Expedition Robinson, conocido en su versión norteamericana como Survivor. En El Límite generó gran entusiasmo en las noches dominicales, elevando la audiencia de la emisora hasta los 45 puntos, impensable en un día que se caracteriza por las flojas propuestas y audiencias. Sus ediciones posteriores, sin embargo, fueron un fiasco. Casa dos Artistas (Casa de los Artistas) fue la exitosa apuesta del SBT en este campo. Nacida en medio de un escándalo, ya que la emisora de Silvio Santos comenzó a transmitirla mientras la Globo negociaba los derechos de Big Brother con la productora original, Casa… traía un grupo de famosos del segundo e, incluso, tercer escalón, que debían hacer ‘vida normal’ en el marco de una casa poblada además por una profusa red de cámaras. Como quien da primero da dos veces, la Globo perdió valiosos puntos de audiencia en la programación dominical, en que la Casa… llegó a picos inusitados, llegando a desbancar al clásico Fantástico, campeón de audiencia durante las tres décadas anteriores. La manipulación e intervención directa de Silvio Santos en la ‘realidad’ de este espectáculo generó críticas y decepcionó a muchos, por lo cual en las subsiguientes segunda y tercera ediciones los números fueron discretos. Cosa que no sucedió con Big Brother Brasil, que logró incluso superar durante algunas semanas a Celebridad en su cuarta y hasta ahora última edición, como programa de mayor audiencia de la emisora.

12- Es importante recordar que un ínfimo por ciento del mercado fonográfico brasileño es controlado por los extranjeros, a los cuales años atrás se les hizo una adecuación en las normas para obtener discos de oro y de platino. Los brasileños son más populares y obviamente esta ventaja los hace alcanzar las necesarios 100 000 ó 250 000 copias vendidas, para recibir Oro y Platino, con mayor facilidad.

13.- Casa de Muñecas fue la primera obra que, en vez de ceñirse a una dramaturgia clásica, que aconsejaba primero la presentación de los personajes y situaciones, comenzó su historia en media res, o sea, a ‘mitad de asunto’, empapando al espectador en el conflicto desde los primeros minutos de la pieza.

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